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EL SERENO ENCANTO DE LAS GEOMETRÍAS

 

Arte como indagación de formas, de acuerdo a un proyecto. Ése es el planteamiento de Daniel Solomons (Madrid, 1977), y una gran vitrina en la galería Mecánica señala el rumbo de su quehacer. Rompe el espacio bidimensional del cuadro elevando sobre él un plano que forma un ángulo de 35 grados con tal superficie. Es un punto de partida sencillo pero fértil, a juzgar por las posibilidades que genera: tensión entre las dos superficies, proyección de la superficie más pequeña sobre el plano general del cuadro que produce una sucesión de bandas de color, separadas a veces por una estrecha franja blanca, casi una línea. El trabajo hace pensar en determinadas obras minimal en las que, tal vez por contradecir (o glosar) la célebre idea de Greenberg (la pintura es bidimensional, exclusivamente superficie, flatness), el autor coloca elementos en la superficie del cuadro y éste alcanzaba una tercera dimensión, sólo que real y hacia fuera, en vez de ilusoria y hacia dentro, como hacía la perspectiva.

 

El trabajo de Solomons es, además de riguroso, elegante: interesa desde el punto de vista del análisis de formas (algo que nunca está de más) y promueve esa serena satisfacción que surge de ese instante en el que un objeto deja de ser tal y cruza la línea lo justo para convertirse en obra de arte. Es la razón por la que algunos comentaristas suelen calificar al minimal art de arte máximo, porque se atreve a sacar a la luz esa oscura frontera. La muestra de Solomons se prolonga de manera lógica en La Caja China. No extraña en absoluto encontrar en esta galería una de sus obras, porque muchos de los trabajos que aparecen en la sala del barrio del Arenal pertenecen a proyectos más o menos amplios de los que sólo se enseñan ahora, a lo sumo, cuatro piezas. Así ocurre con Manuel Salinas que, desde su larga experiencia de la abstracción (centrada en la espontaneidad del gesto) y sin renunciar a ella, acomete una interesante reflexión sobre la geometría. Las obras de Barbadillo y Elena Asins (a la que pronto dedicará una retrospectiva el Museo Reina Sofía) pertenecen a proyectos sobradamente conocidos.

 

La muestra de Solomons es en conjunto un verdadero regalo para el aficionado porque, además de la serena belleza de las obras geométricas, ofrece un montaje exacto y nítido que convierte la sala en una sugerente instalación.

 

Juan Bosco Díaz‐Urmeneta

Crítico de Arte, Curador y Profesor de la Universidad de Sevilla

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