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REPRESENTACIÓN INTERNA DEL CONOCIMIENTO

 

 

La obra más reciente del joven artista Daniel Solomons, exquisita y esencial, minimalista y de orden mental, geométrica y de una límpida pureza abstracta, se enmarca dentro de la tradición normativa.

 

Aunque bebe de Mondrian, puesto que en realidad todo vestigio de abstracción geométrica se nutre en mayor o menor medida del gran creador neoplasticista holandés, Solomons es un epígono de la fecunda senda que se abrió hacia 1960 con el Neoconcretismo, reacción normativa y objetiva al expresionismo abstracto americano y al informalismo europeo, ambos de honda raíz subjetivista. La exposición Konkrete Kunst, organizada en 1960 en Zurich por Max Bense, pocos años después padre de la estética teórico‐ informacional, y por Max Bill, amigo de Albers y antiguo alumno de Gropius en la Bauhaus, supone recuperar la tradición constructivista anterior a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, las piezas sobre papel de Solomons nos evocan algunas obras hechas con el mismo material por Max Bill, aunque Solomons nunca abandona el temblor de la línea, una sombra de irregularidad que es el cordón umbilical que todavía lo mantiene sujeto, aunque sea muy débilmente, al mundo del sentimiento.  

 

Esto puede parecer contradictorio con la primera línea de este comentario, pero el arte verdadero se sustenta muchas veces en tales paradojas. Otros ejemplos, con forma de malla o de retícula, sin tener una pretensión óptica, remiten a obras de autores que han enriquecido la tendencia del Op Art, como Julian Stanczak, o, dentro del Neoconcretismo, Lothar Quinte. Espléndidas son las piezas de fondo oscuro al que se superpone una finísima rejilla irregular hecha de diminutas líneas blancas, una superficie que sí puede remitir a la memoria personal como almacenamiento de una representación interna del conocimiento, como afirma el propio artista en un hermoso texto del catálogo.

 

Pero las obras más originales son aquellas en las que la tela de lienzo está sobre la tela de lienzo del cuadro, obras estas con una vocación espacialista que podrían perfectamente dialogar con las de Fontana.  

 

 

Enrique Castaños Alés

Crítico de Arte y Profesor en la Universidad de Málaga

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